
"...Tal vez piense yo que el intelectual, al menos el intelectual cuya vocación es tener visiones, crear ideas, no debe ser tratado con mimos. Su misión reclama acaso sufrir la áspera presión de su medio, tener que reobrar contra él, luchar con él. Puede que más adelante tenga la ocasión de mostrar cómo en esa forma surgió la primera gran manifestación de intelectualidad propiamente tal que ha habido en la historia, allá en Grecia, veintiséis siglos hace.
Sin duda hay que proteger las ciencias y las letras porque la producción científica y literaria es y tiene que ser, en gran parte, obra no de la inteligencia creadora sino de una continuada y cotidiana laboriosidad. Mas la inteligencia propiamente tal no puede convertirse en un oficio, en una profesión. La inteligencia, por su naturaleza misma, ni es un trabajo ni puede ser una magistratura. Consiste en súbitas, instantaneas visiones y entrevisiones que nadie sabe cuándo ni si van a producirse. La gracia mayor de la inteligencia, que es a la vez condición de su ejercicio, es que no está nunca segura de sí misma. El hombre inteligente precisamente porque es inteligente, no sabe nunca si en el momento inmediato va a ser inteligente. El que cree con seguridad en la permanencia de su perspicacia es precisamente el tonto. El inteligente camina teniendo siempre a la vista las posibles tonterías que se le pueden ocurrir y por eso las evita."
"...Lo esencialmente confuso, intrincado, es la realidad vital concreta, que es siempre única. El que sea capaz de orientarse con precisión en ella; el que vislumbre bajo el caos que presenta toda situación vital la anatomía secreta del instante; en suma, el que no se pierda en la vida, ese es de verdad una cabeza clara. Observar a los que os rodean y veréis cómo avanzan perdidos por su vida; van como sonámbulos, dentro de su buena o mala suerte, sin tener la más ligera sospecha de lo que les pasa. Los oiréis hablar en fórmulas taxativas sobre sí mismos y sobre todo ello. Pero si analizáis someramente esas ideas, notaréis que no reflejan mucho ni poco la realidad a que parecen referirse, y si ahondáis más en el análisis hallaréis que ni siquiera pretenden ajustarse a tal realidad. Todo lo contrario: el individuo trata con ellas de interceptar su propia visión de lo real, de su vida misma. Porque la vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad, y procura ocultarla con un telón fantasmagórico donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus "ideas" no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad."
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